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El Santo (1962-1969) de Roger Moore 

Una de las cosas que me relaja de ver series antiguas (aparte de no estar sujeto a la ansiedad de tener que tragarte algunos supuestos fenómenos, siempre anglosajones, que al año siguiente te olvidas que has visto) es que, usualmente, en las de género cada episodio englobaba una aventura completa y autoconclusiva, libre de adherentes folletinescos que, al final, siguen siendo las migas de pan que nos llevan a engancharnos y perseverar en el consumo de la mayoría de ficciones a plazos, ayer y hoy. Por eso la pasada semana me embarqué a ver toda la temporada inaugural de un clásico de los años 60, El Santo, aprovechando que un alma bendita acaba de colgar las cuatro primeras en Youtube, desde el episodio 1:

http://www.youtube.com/watch?v=2iBK2hHXDiM

Simon Templar El Santo es una especie de ladrón de guante blanco a lo Arsenio Lupin, pero mucho más generoso con las causas justas que el frívolo y bon vivant antihéroe francés. Lo creó el escritor británico de padre chino Leslie Charteris a finales de los años 20. De 1962 a 1969 se realizó la adaptación televisiva protagonizada por Roger Moore en su etapa más guapetona, por lo que es imposible no considerar su encarnación de El Santo como una especie de pre-007… a ello contribuía también el marchoso tema musical de Edwin Astley, con un machacón retintín de viento precursor de la sintonía bondiana.

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No me digáis que no mola

Yo había leído de guaje la novela de El Santo titulada Era una dama. Siempre me gustó ese título y lo repito muchas veces cuando me acuerdo de las amigas que más quiero, aunque no les corresponda la definición. Además seguí de crío el remake de la serie protagonizado por el más efébico pero igualmente hermoso Ian Ogilvy, un actor a quien el niño que sigo anidando dentro echa de menos horrores. Así que mi interés en el personaje data de varias décadas atrás…

3. Su primer bautizo de Santidad.

Su primer bautizo de santidad 

La primera temporada de El Santo me ha gustado mucho, especialmente las introducciones, en las que el propio Roger Moore nos presenta a los personajes principales de la historia de turno, sólo para integrarse  en ella y ser presentado a su vez, incidentalmente, al ser reconocido por alguno de ellos: pretexto perfecto para insertar un plano medio del protagonista en el que encajarle acto seguido el halo animado que le distingue como “Santo”, justo antes de pasar a los rumbosos créditos iniciales. La presentación mirando a cámara de Simon Templar otorga una gran originalidad y un marchamo de gracia a todos los arranques de cada capítulo, y recuerdo que de niño ese halo y el personaje dibujado del “Santo Inocente” que lo simbolizaba me despertaban tanto la imaginación como las intros de las películas de La pantera rosa: uno de criajo no logra establecer ninguna lógica en la interacción entre la imagen real con esos insertos animados, lo cual abre paradójicamente una puerta a la maravilla que se queda para siempre en el subconsciente del adulto. Además, cada vez que Roger Moore nos mira a los ojos, es como un guantazo al amor propio del espectador masculino, pero un guantazo cariñoso. Es un hombre bello y una caricatura de hombre bello, al mismo tiempo.

3A. Los créditos del episodio que se desarrolla en España.

Los créditos del episodio se desarrollan en España 

Si queréis visionar solamente los mejores episodios de la primera temporada, miraos el 1 (The talented husband), una crónica criminal predecible pero gozosa igualmente, con excelentes secundarios en acción; el 6 (The pearls of peace), mi favorito, una preciosa historia de amor entre vieja mexicana y ciego gringo excelentemente planificada por el más que solvente realizador David Greene; el 7 (The arrow of God), que narra un asesinato entre un grupo reducido de vividores de clase alta (muy a lo Agatha Christie) donde todos poseen un motivo propio para haberse cargado a la víctima: un columnista de cotilleos maravillosamente retratado por el actor Anthony Dawson, capaz de escupir réplicas de un sarcasmo y un vitriolo que dejan a Jorge Javier Vázquez a la altura de un monaguillo; el 9 (The effete angler), donde El Santo flirtea con una mujer casada, nada menos que Shirley Eaton (la chica Bond que muere recubierta en pintura de oro en Goldfinger); el 11 (The man who was lucky), una buena historia de gángsteres londinenses; y el 12 y último, tal vez el mejor de todos, The Charitable Countess, un cuento maravilloso donde Simon Templar anuncia públicamente en la prensa que robará el famoso collar de una Condesa durante una fiesta falsamente caritativa organizada por ella y a la que él, además, ha sido también invitado… guionizado con un dechado de clase y ofreciendo un compendio de “fair game” que harían las delicias del mismísimo Maurice Leblanc.

3B. A Belinda ya la pintan desagradable desde un principio...

A Belinda ya la pintan desagradable desde un principio…

No por casualidad, casi todos estos episodios estaban basados en cuentos originales del propio Charteris. Como fue también el caso del singular capítulo 10, titulado The Golden journey, y que se adaptó de un relato titulado casi igual (Tirol: the Golden Journey)… Aunque en el caso de la versión televisiva, los productores decidirían cambiar el marco del Tirol por… ¡la España de 1962!

3C. Simon no le quiere prestar dinero a Belinda...

Simon no quiere prestarle dinero a Belinda…

Para los que no entiendan inglés, también hay colgado el episodio con su añejo doblaje específico para Latinoamérica, con una traducción de los diálogos algo “libre” (por decirlo suavemente):

http://www.youtube.com/watch?v=_HrBDGhJO6Q&list=PLX41CnFs8_kIsNYPmZKXWj0NZeDwnpVay

4. Algo nos dice que estos dos van a acabar gustándose...

Algo nos dice que estos dos van a acabar gustándose

La historia cuenta básicamente cómo Simon Templar aprovecha una excursión de cien millas desde un rincón idílico de la Costa Brava a la ciudad de “Tormes” (“Tomes” en la versión doblada latina) para llevarse consigo con engaños a la prometida de su mejor amigo, Belinda (una rapaza “caprichosa y tremendamente engreída”, en palabras de su propia tía), a la que desea dar una lección de iniciación a la madurez. Así, haciendo trekking entre montañas y mesetas ibéricas hasta la bella ciudad de destino (asumo que Tormes es una ciudad imaginaria, porque el guionista la sitúa a la vera del Mar Mediterráneo, muy lejos del río homónimo), El Santo curtirá el carácter de la consentida y niñata Belinda, interpretada por la encantadora actriz Erica Rogers, también némesis antipática del episodio The pearls of peace.

5. Belinda robando una moto en España...

Belinda robando una moto en España…

El capítulo ya comienza con las castañuelas, la bailaora y la guitarra flamenca obligadas en cualquier representación de España durante aquella blanquinegra época, vibrantes en el restaurante de un hotel para turistas. ¡Y con Belinda quejándose del servicio catalán! “En verdad no podría ser peor el servicio en este lugar”, refunfuña. Como todo el mundo está harto de ella y de sus pucheros y berrinches insoportables, Simon decide enmendar su carácter, conchabado con la tía de marras: por la noche entra en su dormitorio y le roba todo su dinero y el pasaporte, para dejarla indefensa en el pueblo costero. Ella también debe reunirse con su prometido en Tormes, pero ahora no tiene cómo pagar el transporte, y por supuesto no desea ensuciarse ni cansarse innecesariamente acompañando a Templar en su estúpida excursión a pie.

5B. ...y Simon sacándola de la cárcel por intento de robo.

Y Simon sacándola de la cárcel por intento de robo…

Belinda trata de que un automovilista español la lleve gratis en su coche, pero al parecer el menda se propasa con ella, y la británica le propina una buena bofetada antes de bajarse al grito de “And take your lousy car with you!” (transformado por el doblaje de la versión latina en un mejorado y picarón “¡No necesito de su auto de bolsillo!”, frase sujeta a múltiples interpretaciones). La pobre Belinda incluso intenta sin éxito robarse una motocicleta. La cuestión es que, finalmente, se ve obligada a hacer trekking junto a Simon Templar, si quiere salir de una presunta lóbrega celda escoltada por unos no menos lóbregos Guardias Civiles. Así, presenciaremos cómo Roger Moore se patea las Españas mochila a la espalda (yo creo que realmente los exteriores son genuinos), todo exultante de poder respirar aire puro, hecho casi un pre-hippy: luego descansa un rato fumándose su pitillo de rigor, o chupa un tallito tierno, o se cae cruzando un río, o deja sola a su acompañante para que la asuste una especie de dragón de Komodo tan típico de nuestros paisajes…

5C. Simon de senderista, esperando que Belinda le alcance.

Simon de senderista, esperando a que Belinda le alcance

5D. Simon y Belinda disfrutando de nuestro paisaje...

Simon y Belinda, disfrutando de nuestro paisaje

Durante el transcurso del viaje, pertinentemente enmarcado por bucólicos violines, Belinda se queda a gusto abofeteando a diestro y siniestro a varios españoles (incluido un Guardia Civil, ojo), y también al propio Templar. Al final, en la secuencia más extravagante del episodio, tras recibir más bofetones que un santo, Simon decide propinarle en contrapartida una azotaina… con el resultado de que un campesino que anda cortando leña por allá cerca, toma el repique manual sobre el culo de la lozana inglesa por ritmo de palmero, y los quejidos de la muchacha por quejíos flamencorros, animándose raudo a acompañar los manotazos de Templar con sus propias palmas, para rematarlos con un jubiloso “¡Olé!”.

No me imagino a un tirolés haciendo eso en el cuento original…

6. España destaca siempre por sus excelentes guitarristas.

 España destaca siempre por sus excelentes guitarristas

Para acabar con los tópicos festivos, no podía faltar el dueño de tasca metido a guitarrista (un tal Ricardo Cortés), ofreciendo un bonito alarde en su taberna, frustrado por la irrespetuosa Belinda: “Quiero beber, no un concierto (…). Si es tan gran artista ¿qué hace tocando en un agujero como éste?”, maldice la fiera de la niña sin mucho sentido del tacto.

7. Ricardo Cortés, de mal rollito con la impertinente inglesa...

Ricardo Cortés, de mal rollito con la impertinente inglesa…

Al término de su odisea, Belinda descubrirá, gracias a las maravillas naturales de España (o quizás a lo atrasado que andaba el país), que nunca había sido tan feliz en su vida y que es bueno saber contentarse con poco. Por fin es capaz de disfrutar sin quejarse escuchando el trino de nuestros pajaricos, bañándose feliz en nuestras aguas… ¡incluso pescando camarones en nuestra costa!

8. Simon y Belinda disfrutando nuestro clima.

Simon y Belinda, disfrutando de nuestro clima

Cuando llega a Tormes, ya es una mujer madura de cabeza y serena de espíritu. Mano de santo el remedio de Simon Templar.

 8A. Simon tratando de evitar que Belinda le arre otro bofetón.

Simon tratando de evitar que Belinda le arre otro bofetón.

Bromas y moralinas aparte, The golden journey resulta un capítulo muy divertido y apañado, capaz de entretener a cualquiera que no sea un consumidor adicto únicamente a “lo último” o alguien muy prejuicioso. Hasta incluye una secuencia donde los dos protagonistas fingen un romance de mentirijillas y a Roger Moore se le escapa la risa… ¡momento delicioso!

9. Simon y Belinda haciendo una pantomima que hoy hubiera podido costarles la serie.

Simon y Belinda haciendo una pantomima que hoy hubiera podido costarles la serie

Os recomiendo que os sumerjáis en el universo de El Santo de Roger Moore. Es de los pocos personajes heroicos del siglo XX que parece de verdad comprometido con las causas sociales antes de que estuviesen de moda o se convirtiesen en un cliché argumental, y su actor protagonista no deja de subrayarlo cada vez que puede con matices muy de agradecer, lo cual también deviene coherente con su posterior y diría que muy sincera labor humanitaria.

10. El campesino, ejem, español animado por las supuestas palmas de El Santo.

El campesino, ejem, español animado por las supuestas palmas de El Santo

11. El mal temperamento de Melinda queda resuelto con un baño en el Mediterráneo... y pelillos a la mar.

El mal temperamento de Belinda queda resuelto por un baño en el mediterráneo, y pelillos a la mar…